Reseña – La escoba del sistema

¿Ha hecho contigo la cosa esa con la escoba? ¿No? ¿Qué es lo que utiliza ahora? No. Lo que hacía conmigo —tendría yo ocho años, o doce, quién lo recuerda— era sentarme en la cocina y ella cogía una escoba de paja y empezaba a barrer el suelo furiosamente, y me preguntaba qué parte de la escoba era, en mi opinión, más fundamental, más necesaria, si las cerdas o el mango. Las cerdas o el mango. Y yo lloriqueaba y balbuceaba, y ella barría con más y mayor violencia, y yo me ponía nervioso, y finalmente cuando yo decía que suponía que las cerdas, pues de alguna forma se podría barrer sin el mango, únicamente sujetando las cerdas, pero no se podría barrer solo con el mango, ella arremetía contra mí y me tiraba de la silla, y me chillaba en el oído algo así como, “Ajá, y es así porque quieres barrer con la escoba, ¿verdad? Para eso es para lo que quieres la escoba, ¿no?”. Etcétera. Y que si para lo que queríamos una escoba era para romper ventanas, entonces el mango era claramente la esencia fundamental de la escoba, y lo ilustraba con la ventana de la cocina, con una congregación de empleados de la casa delante; pero si queríamos la escoba para barrer con ella, véanse por ejemplo los cristales rotos, para barrer y barrer, las cerdas eran la esencia del asunto. ¿No? ¿Y con qué lo hace ahora? ¿Con lápices? No importa. El significado es lo esencial. La esencia como uso. El significado como uso. El significado como uso.

La escoba del sistema fue la primera novela publicada del escritor David Foster Wallace allá en el año 1987. Desde joven parecía ser una gran promesa para el mundo de la literatura y no exagero si digo que esto no parece para nada una ópera prima, pero puedo constatar que a través de las páginas se puede notar el germen de lo que después dse convertiría en “La broma infinita”, su obra definitiva.

Hablar de los personajes de la escoba del sistema es hablar de los diferentes matices de la personalidad de DFW y el cómo plasma muchas de sus opiniones al respecto sobre diversos temas porque aceptémoslo, los autores no puedes evitar darle algo de sí mismos en cada una de sus páginas.

Durante el transcurso del libro, se nos muestra rápidamente cuáles son las inseguridades de la protagonista, Leonore, y el cómo la desapareción de su bisabuela y otros 23 residentes provoca que empiece una búsqueda no solamente de su pariente sino de sí misma en un mundo que está plagado por el realismo mágico estadounidense, llena de situaciones que a pesar de tener cierto toque surrealista se mantinenen apegados a la realidad construida por los personajes, y es que a través de la historia se cuestiona no solamente la protagonista sobre qué es lo que debería hacer, sino que está en juego la pérdida de su identidad como la ausencia de una función.

Cualquier relato se convierte automáticamente en una especie de sistema que controla a todo el mundo que se relaciona con él.

Algo que me llamó la atención es la fuerte necesidad de una “utilidad” dentro de este mundo, ya que cada uno de sus componentes está destinado a desarrollar la historia de una forma u otra, como las historias de Rick o cuando la cacatúa “Vlad el empalador” comienza a hablar como si fuera realmente conciente de lo que dice. Es ahí donde entra en juego la función de la cual se referencia en la teoría que da nombre a la novela.

Cuando la gente empieza a dárselas de que de verdad saben algo de literatura dejan de ser literariamente interesantes o siquiera de ser útiles para aquellos que sí lo son.

Me encanta que para este libro se manejen distintos tipos de tiempos, el cómo cambia el modo de contar la historia de prosa a guión teatral, el inusual pero interesante orden en el que se dividen los capítulos y este sentimiento general de no comprender realmente lo que está sucediendo para la parte final donde todo comienza a verse de una forma más confusa y que provoca que termine con un final abrupto. Probablemente debido a que el estilo de este escritor todavíoa no había sido pulido, pero dejó una gran legado literario con este maravilloso libro. Lo único que me hubiera gustado es que se expandiera más sobre el verdadero rol del psicólogo.

—Puedes confiar en mí —dice R. V., contemplando la mano de ella—. Soy un hombre de